Nuevas controversias; una infinidad de precedentes. El último fin de semana hubo dos nuevos casos que marcan un patrón en el VAR peruano.
En el primer caso, durante el partido entre UTC y Alianza Lima, el VAR intervino de manera antirreglamentaria para indicar que correspondía un tiro de esquina, aunque las imágenes mostraron que Federico Girotti había sido el último jugador en tocar el balón y que debía concederse un saque de meta. La CONAR publicó los audios de la jugada, reconoció que se vulneró el protocolo del videoarbitraje y anunció sanciones para los responsables. Del córner mal concedido nació el gol de Renzo Garcés que decidió el triunfo de Alianza Lima por 1-0.
El segundo caso ocurrió el 14 de febrero, durante el empate sin goles entre Alianza Atlético y Alianza Lima. Gaspar Gentile anotó para Alianza Lima durante los descuentos, pero el árbitro anuló el gol después de que el VAR advirtiera una posición adelantada. La decisión fue correcta y, al tratarse de un posible gol, la revisión se encontraba dentro de las funciones habituales del videoarbitraje.
Los dos casos no son equivalentes. En Trujillo, el VAR corrigió una posición adelantada dentro de sus atribuciones. En Cajamarca, intervino en una acción que no podía revisar y, además, comunicó una decisión equivocada. Este contraste es importante: el problema no es simplemente que el VAR intervenga, sino que lo haga de manera consistente y dentro de los límites establecidos por el protocolo.
El debate se inclina hacia un lado: el VAR no es justo; es una herramienta más para ejercer ventajas para los favorecidos. En cualquier año, podría ser tu equipo el afectado. En el fútbol peruano siempre va a haber un equipo al cual sacrificar para enmendar a otros o para mandar un mensaje. Siempre habrá un Juan Aurich o un Ayacucho FC. Para ser más actuales, siempre habrá un Atlético Grau.